
Como íbamos a correr por el campo, mi indumentaria era la normal: camiseta de tirantes y pantalones cortos de atletismo. Sé que en Marruecos -al igual que México o Colombia, ...- se ve poca gente corriendo por las calles, ninguna mujer, y bastante tapado-. Cuando me encontré a la entrada del pueblo, con una calle-camino central por delante que atravesaba todo el pueblo, el problema antropológico estaba servido: un giri, con piernas blanquitas (no he tomado el sol apenas este verano) en la mitad de un pequeño pueblo de las montañas de Marruecos. Los niños se reían todos con soltura, los hombre me miraban extrañados y las mujeres miraban hacia otro lugar cuando no hacía algún ademán de escándalo. Aceleré la velocidad con naturalidad, no pasó nada serio, incluso una mujer me dió de beber agua en su botella de lejía rellena. Prueba superada, pero con vergüenza. Creo que a partir de ahora podré correr con toda tranquilidad en Marruecos, siempre y cuando vaya más vestido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario