Ceuta y Melilla son dos ciudades españolas con una historia ligada a un proceso colonial. Para España son un espacio rotundo de soberanía. Para Marruecos son colonias que deben ser devueltas. En ambos casos los respectivos nacionalismos se encargan de dejar clarísimas sus posiciones. En la realidad social la mayoría de origen español convive con un elevado porcentaje de población de origen magrebí. Iglesias y mezquitas conviven en el paisaje al igual que lo hacen las personas y las costumbres. Hace tiempo me decía Aberchán, español y representante político de Coalición por Melilla, que estas ciudades eran un Al-andalus contemporáneo en cuanto la convivencia de culturas que merecía ser potenciado bajo todo punto de vista.Ayer en clase Said, un alumno marroquí, me dijo en clase que «en Ceuta y Melilla se sentía más persona», era una bellísima manera de resumir las bonanzas de toda una coyuntura socio-histórica.
Véase también Melilla un espacio para la paz



