martes, mayo 09, 2006

IDA Y VUELTA A NUEVA YORK. A ESCALA HUMANA

El destino ha querido que visite Nueva York durante cuatro días. No era algo que estuviera en mi cabeza, pero finalmente tome me subi al avión que me llevaba a JFK. Nadie puede permanecer impasible ante esta «gran» obra de la humanidad. Son muchas las impresiones que de da esta ciudad cercana a los 9 millones de habitantes. Grandiosa, espectacular, impresionante por sus imposibles e irreales edificios que nuestra visión, no acostumbrada a estas dimensiones, puede llegar a confundir con un decorado (sky line) de cartón piedra. Con una enorme y expansiva fuerza multicultural que respira por todas sus calles. También es el centro neurálgico de la economía mundial, de la «globalización neolibleral» si queremos.
Nueva York es una ciudad sofisticada, insostenible, de alta entropía. Creada y mantenida artificialmente gracias al comercio, las finanzas y los flujos de capitales. Es una obviedad que los intereses de Nueva York están en todo el mundo, en el control de las actividades económicas y las circunstancias que las favorecen en todo el mundo. Pero no pretendo situarme esta línea crítica.
Como todas las grandes obras de la humanidad -me atrevería a decir que también las pequeñas- es controvertida. La especie humana se construye a si misma, irreparable e irremediablemente, con acontecimientos que encierran sus pasiones benevolentes y maliciosas. En las que todos estamos, de una u otra forma, envueltos.
La escala humana del viaje comienza con Antje, Candi y Ernesto que quieren y se esfuerzan en que todo salga bien. A ciencia cierta que lo consiguen. David Harvey -subdirector del New York’s American Museum of Natural History- nos recibió cortesmente, en la estartalada sala de trabajo, en la visita por las salas del museo, en la comida. Nos acompaño a través de Central Parl al Metropolitan Museum. Quería se muy amable y lo logró. No era una condición de sus responsabilidades ni de su cargo. Niles Eldredge investigador y director de la exposición Darwin. Discovering the Tree of Live, entusiasmado con la idea de la evolución (en la que sólo creen el 60% de los americanos) estuvo asimismo encantador... También lo estuvieron todas las personas que nos atendieron en la calle, cada vez que teníamos una duda. Negros, rojos, amarillos e hispanos, católicos, musulmanes, hindúes, judíos o agnósticos -siempre atentos a nuestro balbuceante inglés. Ellos hacen que New York parezca -sea- una ciudad amable. Quizás sepan que sino todo sería irrespirable. La escala humana de New York se sobrepone a la deshumana.


1 comentario:

Esteban dijo...

"Creada y mantenida artificialmente gracias al comercio, las finanzas y los flujos de capitales."
Supongo que esa artificialidad de la que hablas no es distinta de la que mantiene cualquier otra ciudad. Granada, por ejemplo, artificiosamente mantenida por el turismo y los estudiantes. New York es para mí, o quizá era (Singapur, Tokio, Kuala Lumpur...), la Roma Imperial del siglo XX. Lugar que te hace sentir en casa, con un skyline tan familiar como nuestra propia mesa de trabajo. Un oasis demócrata en un mar de conservadurismo. Contradictoria, insostenible, sí, toda capital es insostenible, pero siempre New York. Ya me contarás la experiencia con más detalle. Por suerte me han concedido una beca para un simposium en Harvard e iré a Boston y New York a finales de julio. Espero sugerencias.
Aprovecho el comentario para recomendarte un libro de un prestigioso economista español (muy catalán), profesor de la Columbia University de New York. Se llama Xavier Sala i Martin y acaba de publicar en bolsillo un libro para cuestionar y principalmente cuestionarnos algunos prejuicios que muchas veces nos pasan desapercibidos: "Economía liberal para no liberales y no economistas". Tienes unas citas del mismo en polisea.net y la casadelpueblo.net (que sigue esperando nuevos editores).
Un abrazo