Todos sabemos ahora lo que es una patera: una pequeña embarcación, de fondo plano, sin quilla, ahora utilizada por personas desesperadas intentan llegar a un destino mejor. Las pateras se han convertido en un fenómeno social y mediático. Destinadas a distancias cortas cuando son utilizadas para travesías naufragan en muchas ocasiones con resultados muy trágicos. Simbolizan la desesperación y un incierto futuro.La equivocación -en un mundo globalizado- reside en pensar que siempre son los otros los que van en la patera -o el cayuco-, los que naufragan, mientras que nosotros navegamos siendo dueños de nuestros destinos. Nada más alejado de la realidad su naufragio es el nuestro, el de nuestra sociedad. Su naufragio representa la falta de control de nuestro porvenir. El sillón caliente de nuestros hogares nos hace confundir nuestra seguridad, no aceptar las incertidumbres compartidas, no compartir los espacios de seguridad de la embarcación de nuestra especie. No alcanzaremos nuestra felicidad hasta que no reconozcamos que estamos en la misma patera. El único rumbo posible es el que nos tiene ligados a los demás.