Todas se han sientido felices de poder participar. El empodera-miento ha sido fruto del reconocimiento de su cotidianeidad hasta ahora casi desapercibida. Sentarse se ha convertido un acto de autoestima.
Para botón, valga una muestra. Cuando comencé a fotografiar al primer grupo se fueron sumando, una tras una, todas las mujeres de la calle y casi nos faltaron asientos.
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